24 DE NOVIEMBRE DE 1994

El primer acontecimiento que marcó el redescubrimiento de la cepa carmenère en Chile, ocurrió en 1991, en el marco de un Congreso de Enología y Viticultura Latinoamericano organizado por la Universidad Católica. Aquella vez un ampelógrafo francés llamado Claude Valat, advirtió que el sauvignon blanc plantado en muchos predios chilenos era sauvignonasse (Sauvignon verde). A su vez, en voz más baja, Valat había dicho que nuestro merlot podría ser más bien cabernet franc. La primera revelación del ampelógrafo llevó a plantar los primeros clones de sauvignon blanc en nuestro viñedos, la segunda no dejó de rondar en la cabeza de los académicos de la Católica, entre ellos Philippo Pszczolkowski.

Tres años más tarde, en 1994, se volvió a organizar un congreso sobre vitivinicultura en Chile, y por recomendación del enólogo-académico Alejandro Hernández se contactó al ampelógrafo francés Jean Michel Boursiquot (discípulo de Valat) para que viniera a ver nuestros viñedos y aclarara aquella duda que tenía a más de uno muy inquieto. Fue pues, en el marco de aquel congreso, que Jean Michel Boursiquot fue a visitar los viñedos de Carmen junto al enólogo de la misma bodega Álvaro Espinoza y Pszczolkowski.

Mientras el trío recorría las plantaciones de merlot en Alto Jahuel, Boursiquot aseguró que lo que tenían plantado no era tal, sino carmenère. De aquel hallazgo cuentan que Pszczolkowski, preguntó: “¿Cómo se escribe eso?” y seguido vislumbró que podía ser muy bueno para la industria, mientras que Espinoza dijo “pongámoslo en la etiqueta” al pensar que podría ser muy llamativo desde el punto de vista comercial.

Como ya es también conocida el resto de la historia, el director de la empresa en aquel entonces, Ricardo Claro, apoyó la iniciativa de poner Grande Vidure en la etiqueta (nombre sinónimo de la carmenère), mas no hizo lo mismo el resto de la industria. Así fue como Espinoza perdió varios kilos, hasta que ganó su primera medalla de oro en Montreal con el Grande Vidure - cabernet sauvignon 1994 y la industria comenzó a ver el hallazgo con otros ojos.

Del mismo Jean Michel Boursiquot, supimos que la cepa carmenère es hija de la cabernet franc junto con el gross cabernet, lo que la hace hermana del cabernet sauvignon y el merlot. Boursiquot destacó a su vez, que carménère fue la variedad junto con el cabernet franc que le dio el prestigio a los grandes vinos de Burdeos, antes del ataque de las plagas de origen americano en el viñedo europeo a partir de la primera mitad del siglo XIX, entre ellas la devastadora filoxera. Después del injerto de las variedades europeas sobre porta injertos americanos, sería el cabernet sauvignon y el merlot los que le ganarían en protagonismo, dejando al carmenère como un tesoro completamente olvidado. Olvidado, hasta su redescubrimiento, en aquel campo de la viña Carmen el 24 de noviembre de 1994.

LA REIVINDICACIÓN

Aquí es donde el SAG. y su entonces encargado de asuntos vitivinícolas, Víctor Costa, tuvo un rol importante, pues el primer carmenère bajo el nombre de grande vidure, pasó inadvertido por la ley, pero no el segundo, que en realidad fue el primero etiquetado como carmenère por viña De Martino con la cosecha 1996 (entonces Santa Inés). Así fue como la persona que empezó a certificar los viñedos de carmenère, ya incorporada al decreto de cepajes autorizados 464, fue Philippo Pszczolkowski. Y, para ello, los viñedos debían tener más de 75% de esta variedad.

Importante es reconocer que la gran mayoría de aquellos primeros carmenère pecaron por verdes, dejando en duda su verdadero potencial y, peor aún, enterrando su antiguo linaje en el Médoc.

Sin embargo el año 2004 las cosas empiezan a mejorar y se comenzó a aprender qué era lo mejor para esta cepa a considerar, además del clima, el suelo y el estrés hídrico, surgiendo con ello grandes vinos, aparte de Carmín de Peumo en el 2003. Desde ese entonces se empieza hablar ya de grandes vinos en Chile producidos con la cepa carmenère y, además la industria se empieza a enfocar en los vinos íconos con porcentaje de carmenère en sus mezclas, entre ellos Clos Apalta, Almaviva y Tatay San Cristóbal (uno de los vinos más caros del país).

El carmenère es una cepa originaria de Burdeos, Francia, que se usaba como parte de las mezclas para los grandes vinos bordeleses. Se dice que esta rara cepa fue cultivada en Médoc a principios del siglo XVIII, pero que su vigorosidad y su avara producción terminaron por volverla impopular.

A mediados del siglo XIX, en 1850, la cepa carmenère casi desapareció de Europa producto de la crisis de la filoxera. La filoxera es un insecto voraz, devorador de las raíces de la vid, originario de Norteamérica y que siempre ha convivido con vides norteamericanas sin causarles problemas.

En 1850 aproximadamente, sin conocimiento previo alguno, viticultores franceses introdujeron en Francia estas vides infectadas que portaban el insecto. La filoxera comenzó a propagarse en forma lenta pero inexorable, primero en Francia, luego en España y en Italia y su devastador ataque epidémico asoló no sólo a Europa sino que al resto del mundo casi erradicando esta cepa por completo, causando los más grandes daños conocidos hasta ahora en la agricultura.