La cepa carmenere: EN NARIZ Y BOCA

El Carmenère es una cepa que se caracteriza por su color, que se refiere a su nombre: el carmín, un rojo particularmente profundo. Es un tinto amable y de taninos suaves. En sus aromas hay gran expresividad, desde los característicos tonos a pimiento verde hasta notas frutales maduras (frambuesas, moras, cerezas y ciruelas), además de café y chocolate. En boca es suave, con gran concentración y finales largos y potentes.

Se beneficia de nuestro clima cálido, templado y de veranos largos porque a esta cepa le gusta madurar tarde, a fines de abril y hasta mayo. En los campos, requiere un cuidado especial ya que tiende a desarrollar más hojas que racimos, lo que se traduce en un acento de su lado verde, en notas a pimentón y en gusto vegetal. Por eso, hay que manejar la cepa correctamente para controlar el vigor de la planta y el momento preciso de cortar la uva, que es generalmente en abril, después del cabernet sauvignon.

En la actualidad no es común encontrar la cepa Carmenère en su país de origen. Tuvo que viajar miles de kilómetros, cruzar el Atlántico, pasar por el Ecuador y llegar a Chile de incógnita para encontrar un terroir ideal. Tuvieron que pasar algunos años para que se pudieran entender exactamente cómo plantarla, crecerla y cosecharla para alcanzar los resultados que se obtienen ahora.

CARMENÈRE & COMIDA

Héctor Vergara, el único máster sommelier de América Latina, nos guía sobre qué platos armonizan con el carmenère: “Va bien con carnes con acompañamientos agridulces, por ejemplo, costillas de cerdo y papas con crema ácida. También es excelente para guisos caseros típicos  y platos condimentados con comino (por eso va bien con las empanadas de horno). Además con los pates y las terrinas -de hígado de pato o jabalí- sobre todo si tienen un poco de pimienta. Las pastas y pizzas van bien con carmenère jóvenes e incluso un pavo relleno se lleva bien con esta cepa. Pastel de choclo, humitas y platos chilenos siempre mejoran con una buena copa de esta cepa.